Te aconsejé hace un par de años que no te enamoraras de una mujer difícil. Así que ahora, como no quiero que te quedes solo, quiero aconsejarte que te enamores de una mujer fácil.
Enamórate de una mujer fácil. Enamórate de la simpleza que existe en ella. Enamórate de lo básica, lo frívola y lo superficial que es su mente. Que, bueno, no es ningún insulto. La mujer fácil es, ante todo, bella. Frívola y superficialmente bella. Básicamente, bella. Pero, insisto, si a esos términos vamos, una mujer tiene que ser bella de manera básica. O no es bella. La que es bella, básicamente, lo es y la que no, simplemente no lo es y ya está. Un macho alfa no tiene la delicadeza de ponerse a dialogar en una conversación y notar brillos en los ojos. Un macho alfa quiere que acostarse con la chica de las grandes nalgas en las redes sociales esté, justamente, a un clic de distancia.
Así que enamórate de una mujer que sea bella fácil. Enamórate de una chica con buen cuerpo con buenos atributos y, sobre todo, buen maquillaje. ¿Qué, crees que realmente va a lucir así cuando te despiertes junto a ella? A decir verdad, quizás sí. Es una chica fácil. Probablemente, correrá a maquillarse por la mañana al baño para lucir así siempre que tú voltees a verla.
Una mujer fácil no te pide mucho. Ella está dispuesta a darlo todo. No ha visto mucho. No sabe mucho. No conoce mucho. Está en su colegio de prestigio, con su familia de prestigio y quizá sale un par de veces a la semana con sus amigas a comprarse ropa de prestigio. Esa chica está necesitada de problemas. Esa chica necesita que tú seas el núcleo de problemas en su vida porque, prácticamente, la tiene resuelta e, irónicamente, a una mujer fácil le aburre tener la vida fácil. Así que podrás portarte como un patán, podrás dejar de hablarle y esperar a que ella te busque a ti. Si no te gana la cordura con sus lagrimitas y berrinches, quizá hasta puedas manipularla para hacerle creer que todo fue culpa suya.
El encanto de las mujeres fáciles es que han estado allí desde la Creación, como el mejor amigo del hombre. Incluso ellas se dicen perras. Incluso a ellas les excita que las trates como perras. Pasan de su pastor, su padre que les ha dado todo a ser tuyas. Ellas no quieren tener el control de sí mismas, así que es hora de que, por una vez en tu vida, te quites esa pinta de mamarracho y cojas a tu perra como mejor a ti te apetezca. Ella estará encantada.
Las mujeres fáciles, básicamente, están necesitadas de ti. Y eso tú lo sabes. Así que, por ese simple hecho, ya has ganado cualquier discusión. Sí, créeme, habrá muchas cuando se entere de aquella mujer difícil, aquella a la que ahora intentas humillar con tu auto nuevo de la misma manera en que ella te humilló al rechazar una atracción, un pasatiempo, una curiosidad, un capricho al que tú llamabas amor.
Pero, ¿sabes qué? Dudo mucho que tu mujer fácil te deje así tú tengas a otras mujeres. Dudo mucho que tu mujer fácil sea capaz de armarse de valor, hacer maletas y dejarte. Ella está a tu disposición. Ella es tuya. Ella cree que te ama, pero en realidad te necesita. Y tú, como hombre con el instinto masculino más básico, necesitas sentirte necesitado. Por eso no te funcionó la cosa con aquella mujer difícil.
Y la mujer fácil es atractiva, ¿ya te lo he dicho? Es tonta, ¿vale? Es básica. Toda decisión, todo pensamiento que pase por su cabeza, tú lo verás venir. No hay nada diferente en ella. En las reuniones con otros tipos, muy parecidos a ti, te darás cuenta de que ella es idéntica al resto de sus amigas: se visten igual, hablan igual y todas ellas tienen el descaro de soltar todos sus pensamientos genéricos, tontos, pop e intrascendentes en voz alta. Puede que incluso se lo pongas de pretexto. No cuenta como infidelidad si fue con alguna de sus amigas porque, en realidad, todas ellas son iguales.
La mujer fácil hablará de ti con ellas, serás el tema de conversación: que si le diste esto, que si le diste aquello, que si la llevaste a algún lugar caro, etcétera, etcétera, etcétera. Bienvenido al mundo al que cualquiera desearía pertenecer.
Todo mundo salvo ella. Todo mundo salvo esa chica, la que luce opaca entre todas las demás en tacones y vestidos lo suficientemente cortos como para que cualquier hombre las use como el objeto sexual que son. Todo mundo salvo esa mujer que con una mirada que te otorgue a la distancia, te hará volver a ti, te hará volver a darte cuenta de quién eres y en la basura que te has convertido, te hará volver a cuando eras un niño y tenías tantas ganas de llorar.
Esa mujer que con una mirada, hará que cojas otra copa de champaña y la arrojes contra la pared. Tu mujer fácil chillará junto con sus amigas. Ella tan solo te mirará a lo lejos. Tendrás un arrebato semejante que no podrás evitar gritarle: «¡¿Qué es lo que quieres de mí?!».
Y, tristemente, ya sabes la respuesta.
Nada. Absolutamente nada.